Reconciliación

El Sacramento de la Reconciliación


El Sacramento de la Penitencia, también conocido como Confesión o Reconciliación, es una profunda oportunidad para volver a Dios, reconocer nuestros pecados con sincero arrepentimiento y recibir su perdón. Los Evangelios resaltan su importancia para nuestro crecimiento en santidad. El Rito de la Reconciliación puede celebrarse cara a cara o de forma anónima, con una mampara que separa al penitente del sacerdote.

Tiempos de confesión


  • Miércoles: 17:30-18:30
  • Sábado: 16:00-17:00
  • Otros horarios con cita previa

Pasos para celebrar el Sacramento

1. Antes de la confesión: Arrepentimiento

El rechazo claro y decisivo de los pecados cometidos, junto con la firme resolución de no volver a cometerlos, es el acto esencial de la penitencia. Por amor a Dios, basta con la resolución de intentar evitar las ocasiones de pecado para un verdadero arrepentimiento.


2. Examen de conciencia

Antes de entrar al confesionario, se recomienda repasar los pecados mortales y veniales cometidos desde la última confesión sacramental. Los pecados mortales son ofensas graves que rompen nuestra amistad con Dios y, por consiguiente, provocan la pérdida de la gracia santificante. Quien muera en estado de pecado mortal sufrirá la separación eterna de Dios en el infierno. Los pecados veniales son ofensas menores que dañan, pero no destruyen, la relación con Dios.

Una forma útil de examinar la conciencia es reflexionar sobre los Diez Mandamientos y los Preceptos de la Iglesia.

3. Durante la confesión

Este es un momento personal con el sacerdote para confesar tus pecados de la manera más concisa y exacta posible, pidiendo el perdón de Dios y de la Iglesia. Escucha las palabras del sacerdote y la penitencia que te impondrá. Esta penitencia, que puede consistir en oraciones, un pequeño sacrificio o una obra de caridad, te recuerda que, mediante la penitencia constante, superamos nuestros pecados y participamos de lo que Cristo mereció por nosotros.


4. Al final de la confesión


Escucha las palabras de la absolución, que significan el perdón sacramental de la Iglesia por medio del sacerdote ordenado. Después, da gracias a Dios por su constante amor y misericordia hacia sus amados hijos.